viernes, 16 de noviembre de 2007

BRUJAS CON SABOR A CHOCOLATE




El gusto por el silencio de lo medieval no sólo es tangible al cruzar sus arcos y tropezar con callejones insospechados, que se van angostando conforme los cruzas. Es un viaje a otro tiempo, como predijo Auden, éste más cercano: cisnes en las plazas, carruajes, mercados de pescado a la orilla de los canales, venta de zuecos en tiendas minúsculas, un virtuosismo exquisito en el encaje, en la cerveza y una tradición de artesanado en el chocolate que impregna las vías principales de la ciudad de una tentación de la que sólo los lugareños saben dominarse. Y, aunque pueda parecer lo contrario, su nombre no está anclado a un tenebroso pasado, como el que evoca nuestra imaginación al instante. Por lo visto, proviene de embarcadero, lo que resulta mucho más lógico y menos lúgubre.
El esfuerzo que todos hacen por mantenerla inmaculada es encomiable. Desde su ayuntamiento se promueve la bicicleta y el transporte público con precios irrisorios, que deberían avergonzar a más de uno que se llama a sí mismo político. Sus gentes obedecen gustosas, pues saben que su mejor recompensa se encuentra en las caras de asombro de los que llegamos a la impresionante plaza del Markt o la inquietante del Burg.
Una de las propuestas es dejar tu coche en el parking gigante de la estación de trenes. Por ese acto, te darán un billete de bus hasta el centro y te cobrarán poco más de seis euros por 48 horas. ¿A que a más de uno le da la risa floja?


Le goût pour le silence du médiéval est non seulement tangible après avoir croisé ses arcs et trébuché sur ses ruelles insoupçonnées, qui se rétrécisent quand tu les croises. C'est un voyage dans le temps, comme l'a prédit Auden, celui-ci plus proche : des cygnes sur les places, les calèches, le marché au poisson au bord des canaux, la vente de sabots dans de minuscules magasins, une virtuosité exquise dans la dentelle, dans la bière et un artisanat de tradition du chocolat qui imprègne les principales rues de la ville d'une tentation que seul ses habitants savent dominer. Et, même si l’on pense le contraire, son nom n'est pas ancré dans un passé ténèbreux. Apparemment, son nom provient d'embarcadère ce qui semble beaucoup plus logique et moins lugubre.
L'effort effectué par tous pour qu’elle se conserve immaculée est spectaculaire. La mairie promotionne le vélo et les transports publics avec des prix dérisoires, qui devraient donner honte à plus d'un politicien. Ses gens obéissent avec goût, puisqu'ils savent que leur meilleure récompense se trouve dans les visages d'étonnement de ceux qui arrivent à l’impressionnante place du Markt ou celle plus inquiétante du Burg.
L'une des possibilités est de laisser sa voiture dans l’immense parking de la gare. Puis, on vous donnera un aller gratuit de bus jusqu'au centre-ville. Le tout pour un coût d’un peu plus de six euros pour 48 heures.
Et ce n’est pas une blague !

PHOTO: Ángel Gómez Espada
DATE: 15 Febrero de 2005
APPAREIL: OLYMPUS PEN EE-2

2 comentarios:

Roberto Rico dijo...

Ah, Brujas... la pequeña Venecia del norte.

Sus barquitas, sus calesas, su museo del chocolate, Beethoven sonando a las 12 del mediodía...

Qué me gustó la ciudad. Sin duda una visita obligada en un viaje por la Europa flamenca.

Alvaro Peña dijo...

No la conozco, pero por la foto me gustaría estar allí ahora mismo.